El ‘halcón maltés’ de la paleontología

En la cantera Solnhofen, en el municipio de Langenaltheim, Alemania, zona conocida por ser un fértil depósito de fósiles perfectamente conservados en piedra caliza, dos obreros encontraron los huesos de un especimen que no supieron identificar de inmediato. Aquella mañana de 1956, el dueño del lugar, Eduard Opstich (1900-1991), habituado a este tipo de hallazgos, y a sabiendas del provecho económico que podía obtener, lo dirigió al paleontólogo Florian Heller, de la Universidad de Earlangen, para que este lo identificara. Para sorpresa de Heller se trataba de un Archaeopetryx, ave prehistórica del tamaño de un cuervo; el tercer fósil de esta criatura descubierto hasta ese entonces en aquella zona, el primero en el siglo XX.

Muy pronto la noticia causó sensación. Al examinarlo a detalle, los paleontólogos encontraron que este ejemplar mostraba características únicas que podían dar claves sobre la correspondencia evolutiva entre los dinosaurios y las aves, dada la distribución de sus brazos y caderas. Tras llegar a un acuerdo, la pieza permaneció en exhibición desde inicios de la década de 1960 en el Museo Maxberg de fósiles, localizado en los alrededores de Solnhofen, donde permaneció hasta 1974; Opstich quiso venderlo, aunque nunca pudo llegar a un acuerdo, por lo que cansado de tantas negociaciones infructuosas decidió retirarlo y conservarlo en su colección privada. Aquel año fue la última vez que se le vio al Archaeopetryx de Maxberg.

Eventualmente Opstich sería famoso entre los vecinos de la comunidad por su carácter huraño, y viviría hasta los 91 años; tuvieron que pasar dos semanas antes que alguien notara su ausencia y llamara a la policía para que estos verificaran su deceso. La noticia de su fallecimiento sin embargo no pasó desapercibida para la comunidad científica alemana, quienes se apresuraron a buscar al ave, pero esta nunca apareció. Si bien se han encontrado otros ocho fósiles de Archaeopteryx, al parecer ningún otro cuenta con las magníficas cualidades del de Maxberg, del cual sólo se tienen copias hechas con moldes de yeso.

El cuerpo reptiliano de la criatura cubierta de plumas no lo convierte directamente en el ancestro de las aves modernas, pero puede ser un pariente directo de la misma: de encontrarse el ejemplar perdido, la tecnología con la que se cuenta en la actualidad podría revelar nuevas pistas acerca de esta línea de investigación –existieron cientos o miles de especies en aquella época que quizá sean aquel eslabón perdido, pero no se cuenta con sus fósiles para comprobarlo-.

La suerte de este ‘halcón maltés’ de la paleontología es motivo de especulación. Quizá, como también mencionan los vecinos de Opstich, este la escondió muy bien, o se encuentra en el almacén de un coleccionista privado, quien pudo alcanzar el precio pedido por el ambicioso cantero.

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