Las huellas eternas

“Un día, a eso del mediodía, cuando me dirigía a mi piragua, me sorprendió enormemente descubrir las huellas de un pie desnudo, perfectamente marcadas sobre la arena. Me detuve estupefacto, como abatido por un rayo o como si hubiese visto un fantasma. Escuche y miré a mi alrededor pero no percibí nada. Subí a un montículo para poder observar, recorrí con la vista toda la playa, a lo largo y a lo ancho, pero no hallé nada más. Volví a ellas para ver si había más y para confirmar que todo esto no fuera producto de mi imaginación pero no era así. Allí estaba muy clara la huella de un pie, con sus dedos, su talón y todas sus partes. No sabía, ni podía imaginar, cómo había llegado hasta allí.”

Robinson  Crusoe [fragmento], de Daniel Defoe, 1719.

En 2011, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia se encontraron cinco huellas humanas petrificadas en el Valle de Ahuatos, a ocho kilómetros de la ciudad de Creel, en Chihuahua, México. Estas habían pertenecido a tres adultos y un niño que habitaron la zona hace 25,000 a 4,500 años, quizá evidencia de los primeros pobladores del continente americano. Pero las catalogadas respectivamente como huellas 4 y 5, pertenecientes a un mismo individuo, tienen seis dedos en cada miembro, convirtiéndose también en uno de los primeros registros de polidactilia en humanos.

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