Nunca ayudes a un pirata a enterrar su tesoro

mapa

“El doctor abrió los sellos con gran cuidado y ante nosotros apareció el mapa de una isla, con precisa indicación de su latitud y longitud, profundidades, nombres de sus colinas, bahías y estuarios, y todos los detalles precisos para que una nave arribase a seguro fondeadero. Medía unas nueve millas de largo por cinco de ancho, y semejaba, o así lo parecía, un grueso dragón rampante. Tenía dos puertos bien abrigados, y en la parte central, un monte llamado «El Catalejo». Se veían algunos añadidos realizados sobre el dibujo original; pero el que más nos interesó eran tres cruces hechas con tinta roja: dos en el norte de la isla y una en el suroeste, y junto a esta última, escritas con la misma tinta y con fina letra, muy distinta de la torpe escritura del capitán, estas palabras: Aquí está el tesoro.”

– La isla del tesoro [fragmento] de Robert Louis Stevenson

Me gusta que en los libros de fantasía y algunos de ciencia ficción se incluyan los mapas del mundo donde se desarrollará la trama. En mi niñez y adolescencia llegué a dibujar mis propios mapas de países y planetas imaginarios. Pero fue mi amigo Aldo Bonanni quien me impresionó al crear una gran isla continente llamada Surdania, supuestamente situada en un punto entre Australia y el Polo Sur. En su mundo alternativo, Surdania era una potencia que se medía con otros países reales en casi cualquier aspecto, político, económico, científico o militar. La calidad de detalles que le añadió a su utopía lo hicieron un mundo de fantasía único. En ese lugar lo mismo ocurrieron aventuras de role-play que campeonatos de una liga de fútbol -literalmente- fantástica, donde cada ciudad de aquellos lares tenía su propio equipo.

Creo que la costumbre de incluir mapas en las novelas se la debemos a Robert L. Stevenson (1850-1894). Primero imaginó una isla y la dibujó a todo color y con gran cantidad de detalles para impresionar a su ahijado; el trabajo le gustó tanto que decidió escribir La isla del tesoro. Tras publicarse de forma serial en la revista infantil Young Folks sin mucho éxito, Stevenson decidió que incluiría el mapa en la reimpresión como libro. Entonces se dio cuenta que lo había perdido. Le costó trabajo dibujarlo inspirado en su propia obra.

No existe evidencia de que los antiguos piratas trazaran mapas para localizar su botín con una equis, supongo todo es culpa de Stevenson. Hasta donde se, el botín se lo repartían según las jerarquías. Por supuesto hubo casos en los que se peleaban por llevárselo todo, y sólo el único sobreviviente podía disfrutarlo. Quizá de esto último salió la frase “nunca ayudes a un pirata a enterrar su tesoro”.

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