El zoológico ideal de Lacepède

El naturalista francés Bernard-Germain-Étienne de la Ville-sur-Illon, conde de Lacepède (1756-1825), conocido por sus trabajos en herpetología, fue también un pionero en el diseño y filosofía de los zoológicos. Se anticipó al alemán Carl Hagenbeck (1844-1914) en pensar en un sitio donde los animales pudieran ser exhibidos sin necesidad de jaulas, práctica que le parecía terrible. La descripción de su zoológico ideal tenía como base un principio claro, como llegó a escribir: “Los parques zoológicos concebidos no son una acumulación de edificios o pajareras o cajas con barrotes, sino constituyen un verdadero escenario”.

De esta forma, su panorama sería montado en un terreno rectangular de 14 hectáreas, llano con colinas poco pronunciadas, pleno en rocas, árboles y arbustos, algunas zonas con arena; dos pequeños y sinuosos ríos artificiales lo cruzarían, desembocando en lagos de forma irregular. Las cercas que rodearían el complejo estarían cubiertas por follaje para disimularlas. “Los refugios nocturnos de los carnívoros estarían escondidos por rocas”, escribió, “las pajareras serán espaciosas, con pequeños árboles y rocas artificiales. Habrá lagos para los peces, tortugas acuáticas, leones marinos, y especialmente aves acuáticas, que estarán permitidas en ciertas partes de los ríos. Habrá un lugar incluso para el apareamiento de gusanos y moluscos.”

Su idea era que las bestias estuvieran al mismo nivel que los espectadores, aunque guardando cierta distancia, separados por obstáculos naturales; el objetivo último era observar en lo posible su ciclo vital completo, sin las restricciones inherentes al cautiverio. Él buscaba acondicionar a los animales hasta que estos se acostumbraran a la presencia humana, adaptados a los hogares y laboratorios.

Pero su sueño jamás llegó a realizarse, por la falta de fondos y la inestabilidad política de la Revolución Francesa; aunque la solución propuesta hubiese funcionado con animales de zonas templadas, incluyendo anfibios y reptiles, las criaturas ‘exóticas’ habrían necesitado ser expuestas en pabellones cerrados con temperatura controlada.

Hagenbeck abriría el Tierpark en Stellingen, Alemania, en 1907, donde realizaría las primeras exhibiciones de animales en recintos sin barrotes.

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