Caballos con manos de hombre

A mediados del siglo XVIII, Ferdinando Francesco Gravina y Alliata, duque de Palagonia, en Sicilia, dedicaba su vida al estudio histórico de todo lo que tuviera que ver con monstruos y quimeras. Su carácter extremadamente tímido, así como su fobia a las personas, lo llevaron a vivir recluido en su palacio, ubicado en la localidad de Bagheria, cuyo interior llenó de estatuas, espejos y extrañas pirámides hechas con tazas, tazones y salseras pegadas con cemento. Las ventanas eran de vidrio de diferentes colores, y su cuarto estaba poblado de estatuas de mármol que representaban distintas especies de animales, por ello nombró a sus aposentos como el ‘Arca de Noé’. El duque rodeó su casa con 600 estatuas de criaturas imaginarias, algunas tan horrendas que las autoridades locales consideraron destruirlas, aunque al final se retractaron ante las súplicas del noble. Desde entonces los pobladores bautizaron este palacio como Villa dei Mostri (villa de los monstruos), y llegó a convertirse en una atracción turística, paso obligado en el Grand Tour. Entre los personajes que dejarían constancia de su visita a este sitio, se encontró Goethe, a quien le causó una profunda impresión. Un pasaje del libro Viaje a Italia (Italienische Reise, 1816) se refiere a la decoración bajo “la demencia palagónica” ( p.329-335)

“De ordinario son monstruos o caras de animales o de hombres…Queriendo presentar en su totalidad los elementos de la locura del Príncipe de Palagonia, daremos la lista siguiente:

Criaturas humanas: mendigos y mendigas, español, española, moros, turcos, jorobados, toda suerte de contrahechos, enanos, músicos, policinellas, soldados en traje antiguo, dioses, diosas, gentes vestidas a la antigua moda francesa, soldados con cartucheras y polainas.

Mitología con adiciones burlescas: Aquiles y Chirón con Policinella.

Animales o figuras incompletas: caballos con manos de hombre, cabezas de caballo sobre cuerpos de hombre, monos desfigurados, muchos dragones y serpientes, toda suerte de patas en figuras de todas clases, cabezas dobles y cabezas cambiadas…imagínense semejantes figuras, ejecutadas a cientos, sin entendimiento ni sentido, reunidas sin plan ni elección…Los dragones alternan con los dioses; un Atlas, en vez de un mundo, sostiene un tonel de vino…no lejos se encuentra la cabeza, coronada de laurel, de un emperador romano, sobre el cuerpo de un enano, sentado en un golfín”.

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