Cita con el Doctor Veneno

El niño realizaba un experimento con belladona (Atropa belladonna ). Eran principios del siglo XIX, y aquel científico precoz de nombre Friedlieb Ferdinand Runge, quien vivía en la ciudad de Jena, Alemania, estaba obsesionado con la obtención de las sustancias que generaban las plantas. Pero al manipular el líquido recuperado de las hojas de aquel arbusto salpicó por accidente su rostro y una gota penetró en el ojo. Al verse en el espejo, notó algo peculiar: su pupila estaba muy dilatada. No pudo entonces explicar las razones del fenómeno, pero este evento lo marcó para toda la vida, y nunca imaginó que aquella casualidad le llevaría a realizar uno de los grandes descubrimientos de la historia.

En su autobiografía, Goethe menciona brevemente dos encuentros con Runge. En un comentario de 1819 describe a “un joven chemicus , de nombre Runge, que me parece es bastante prometedor”. Este contaba con un selecto grupo de asesores científicos, entre los que destacaba el químico Johann Wolfgang Döbereiner (1780-1849) -cuyo trabajo contribuiría en el desarrollo de la tabla periódica de elementos-. El investigador fue muy cercano al poeta, y en una ocasión lo invitó a observar la demostración de uno de sus alumnos más destacados.

Para entonces el joven médico Runge había continuado con su obsesión desde la infancia, especializándose en el análisis de la química de las plantas, pero en especial las sustancias tóxicas que de ellas se obtenían, hecho que le llevó a ganarse el apodo de Gift entre sus compañeros, ‘veneno’ en alemán.

Runge solía hacer demostraciones ante sus compañeros con la ayuda de su gato negro, para mostrar la acción dilatadora de la esencia de la belladona, repitiendo aquel accidente que había marcado su destino. Una mañana de 1819 accedió a realizar el experimento ante el amigo de su mentor, pero al llegar al laboratorio de la Universidad de Jena se quedó petrificado al darse cuenta de quién se trataba. Nervioso, consiguió dilatar la pupila del felino ante el asombro de Goethe, con quien pudo conversar durante un par de horas sobre su trabajo, descubrimientos y técnicas que había desarrollado para el análisis de componentes. Fue entonces que Goethe extendió el brazo y le ofreció una pequeña caja de madera. “También puede usar esto para sus investigaciones”, le dijo. En ella había varios granos de café de Moka; el genio alemán le pidió personalmente que analizara la composición de los mismos, e intentara explicar el principio activo que tanto había enganchado a la gente durante los últimos siglos. Aún aturdido por la sorpresa, Runge se despidió y salió del lugar, para ser detenido de inmediato por la voz del poeta: “¡No olvide a su fámulus!”, dijo en tono burlón, en alusión a los animales míticos que acompañaban a los antiguos alquimistas: en su prisa, Runge había olvidado llevarse consigo a su mascota, que se encontraba asustada en un rincón.

El ‘doctor Veneno’ había inventado una ingeniosa técnica para separar los químicos de una sustancia, a la que llamó cromatografía en papel, proceso que hoy todavía es utilizado en los laboratorios de química de las escuelas para realizar análisis cualitativos de sustancias. Se basa en la habilidad que tienen los líquidos para fluir de forma ascendente a través de una tira de papel absorbente en posición vertical; Runge descubrió que, al poner el papel en un líquido hecho con el extracto de alguna planta, las sustancias contenidas en ella también se dispersaban en el papel junto con el líquido. Algunas alcanzaban más altura que otras, separándose entre sí. El papel después se cortaba y cada sustancia era recolectada y secada. Con la ayuda de esta técnica, en un par de meses Runge logró purificar un polvo blanco cristalino de sabor amargo que bautizó como cafeína.

Runge también descubriría la quinina, el alquitrán de hulla, el ácido carbólico y la anilina, estos últimos sustancias imprescindibles para la fabricación de gran variedad de productos que se emplean en la vida moderna: tintes, pinturas, perfumes, resinas, explosivos, saborizantes, etc. Sin embargo, en 1867 murió empobrecido y en relativa oscuridad.

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