El primer cazador de fantasmas

La primera referencia de un fantasma de acuerdo con la tradición occidental es la descrita por Plinio el Joven (61-112 d. C.) En sus Cartas, libro VII, carta 27, cuenta tres historias de apariciones de espectros; la más cercana al relato gótico refiere la existencia de una sombría casa en Atenas donde todas las noches se escuchaba el arrastre de cadenas, ruido que perturbaba la tranquilidad de los moradores en turno. Eventualmente,  el filósofo Atenodoro la alquiló por una cantidad que le pareció demasiado barata para el tamaño del lugar, y al enterarse de la historia decidió saber qué era lo que pasaba realmente. Una noche, mientras trabajaba, apareció el espíritu de un anciano encadenado quien lo dirigió a un rincón del patio trasero, el cual fue marcado por Atenodoro con pasto y piedras. A la mañana siguiente, el filósofo acudió al sitio acompañado de unos magistrados y comenzaron a cavar; encontraron un esqueleto encadenado que aparentemente perteneció al espíritu del anciano, y tras darle correcta sepultura la maldición desapareció.

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