Sobre el ataque de animalillos invisibles (1)

“Quien escribe esto y otros dos miembros de su familia inmediata, todas mujeres adultas, han sido en los últimos años los huéspedes involuntarios del ácaro Dermatophagoides scheremetewskyi Bogdanow. Dado que los informes publicados sobre este ácaro como parásito de seres humanos no son numerosos, parece conveniente presentar un recuento de primera mano sobre las actividades del mismo.”

La doctora en zoología Jay Traver, científica con reconocimiento entre sus colegas, llevaba varios años sufriendo por los piquetes de un animal que no podía observar a simple vista. Fue así que decidió llevar a cabo su propia investigación, usándose como objeto de estudio. Aunque recogió muestras de una supuesta especie desconocida de ácaros encerrándolos en un frasco con alcohol, al enviarlos a revisar el resultado de laboratorio resultó negativo; el contenedor no tenía esta clase de arácnidos. El problema, según narró, había comenzado en 1934, incrementándose en intensidad hacia 1943. Lo que empezó como una pequeña comezón en la cabeza, muy pronto se extendió a todo el cuerpo, incluyendo zonas insospechadas.

“Otros ácaros sin embargo bajaron hacia la cara, y empezaron a invadir los ojos, oídos y fosas nasales. Fue en estos lugares donde hicieron el mayor daño. Ambos ojos se irritaron de tal forma que imposible moverlos, para mirar a la derecha o a la izquierda era necesario para mover la cabeza entera.”

Finalmente publicó sus resultados en la revista Proceedings of the Entomological Society of Washington en febrero de 1951. El ensayo titulado Dermatitis inusual en el cuero cabelludo humano ocasionada por ácaro dermatofagoide (Acarina epidermoptidae) es una auténtica rareza en la literatura científica, pues en realidad el ácaro al que se refería nunca existió; el hecho que fuera publicado en una revista de revisión por pares dejó en entredicho este sistema. En cambio, desde otra perspectiva, se convirtió en una gran descripción de primera mano de las alucinaciones visuales y táctiles provocadas por la condición psicológica conocida como ‘parasitosis ilusoria’ o síndrome de Ekbom, aquella en la que el paciente cree estar infestado por insectos o arácnidos invisibles; en Estados Unidos al menos se tienen reportes que existen 100,000 personas que lo padecen, y no se sabe exactamente por qué es tan común, o por qué incluso es muy contagioso, especialmente entre miembros de una misma familia.

El informe Traver podría ser considerado como un texto que divide la frontera entre la realidad y la fantasía científica, y dadas las circunstancias particulares que lo rodean, en una de las más extraordinarias obras de metaficción que se hayan realizado; en años subsecuentes se hicieron varias investigaciones sobre este ‘ataque’ de animalillos desconocidos, en los que se citó el trabajo de la zoóloga como referencia.

Jay Traver padeció de esta clase de alucinaciones hasta su muerte en 1965.

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