Una granja en mi almohada

Nuestra cama y almohadas son auténticas granjas de hongos, y una de las consecuencias directas de ello es el asma o alergias, además que sirven de alimento a los no menos numerosos ácaros que las habitan. En Inglaterra las investigaciones sobre la contaminación de las camas como causa directas de enfermedades respiratorias data de 1936, aunque hasta ahora nunca se ha realizado un censo a gran escala sobre los seres invisibles que conviven con nosotros mientras descansamos.

Fue en 2005 cuando investigadores de la Universidad de Manchester se dieron a la tarea de echar un vistazo a tan sólo 10 almohadas, cada una con un año y medio hasta los 20 años de uso regular –¿se han puesto a pensar cuánto tiempo llevan con la misma almohada? –. Aunque las muestras que analizaron fueron limitadas como para obtener una estadística general, los resultados fueron asombrosos: se reconocieron poco más de un millón de esporas de hongos por pieza. En ellas las especies más comunes fueron el Aspergillus fumigatus, Aureobasidium pullulans y Rhodotorula mucilaginosa, entre otros 47 diferentes tipos. De esta forma se identificaron entre cuatro y dieciséis especies diferentes por muestra, aunque aquellas de relleno sintético estaban particularmente más infestadas por el hongo A. fumigatus. Esta diversidad, según hacen notar, se debe por supuesto a los lugares en los que se desplaza la gente y sus hábitos diarios. De esta forma se encontraban hongos tan comunes como aquellos que se alimentan de las migajas del pan con el que quizá decidimos cenar, y por supuesto aquellos que son comunes en las regaderas.

Según estiman los investigadores, el auge de telas sintéticas en los últimos años contribuye en 50% en el incremento en casos de asma bronquial. De acuerdo con sus datos, los humanos ‘riegan’ las camas con un equivalente aproximado de 100 litros de sudor al año, y cuyo calor corporal de 30 °C es ideal para el cultivo de los hongos microscópicos.

En opinión del doctor Ashley Woodcock, uno de los responsables del estudio, los  hongos son la comida del ácaro del polvo, con quien tiene una relación simbiótica; el arácnido se alimenta del hongo, y este a su vez crece a partir de las heces de la criatura, utilizadas como fuente de nitrógeno y alimentación, junto con las escamas de nuestra piel.

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