El guardaespaldas de Pinel

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El médico alienista francés Philippe Pinel ordena que quiten las cadenas a las locas del hospital Salpetriere (1795).

Los manicomios franceses de finales del siglo XVIII también tuvieron su Revolución. El médico Philippe Pinel estaba convencido que el trato humanitario a los enfermos mentales podía contribuir a su recuperación, por lo que el 25 de agosto de 1795, aprovechando su nombramiento por decreto como médico de alienados en el siniestro hospital de Bicetre, decidió liberar a 50 enfermos de sus cadenas –norma general de la época–. Aquel día, según apunta Michele Ristich de Groote en su libro La locura a través de los siglos, fueron puestos en libertad “12 locos furiosos y 12 hombres”, uno de ellos que llevaba más de 40 años encadenado. La anécdota más conocida, es la de un capitán inglés quien quedó fascinado tras volver a sentir la luz del sol.

De alojamiento en alojamiento, Pinel prosiguió con su empresa. Un viejo oficial francés, encadenado durante 30 años, sufría un delirio místico y estaba persuadido de que estaba destinado por Dios al bautismo de sangre y así había asesinado a uno de sus propios hijos hundiéndole un cuchillo en el corazón…pero no tuvo fuerzas para levantarse, sus piernas se hallaban enteramente anquilosadas, y mientras el inglés loco –esta vez de alegría– descendía las escaleras trabajosamente para contemplar la belleza del cielo, se emborrachó tanto de ella que luego fue preciso trasladarle en camilla a la enfermería donde algunos meses más tarde murió pacíficamente.

Pero quien más llamó la atención fue un soldado de los guardias franceses, un tal Chevingé, valiente pero borracho, cuyo alcoholismo lo había convertido en una persona pendenciera y violenta. Expulsado del cuerpo, cayó en la misera y la ignominia hasta volverse loco. Una vez internado pronto se creyó general.

Sólido como una roca, sembraba el pánico entre sus guardianes por su fuerza hercúlea, que le permitía romper sus ligaduras, haciendo pasar muy malos ratos a los hombres que intentaban dominarlo.

Pero tras ser liberado, Chevingé se convirtió en una persona muy pacífica, y comenzó a ayudar a Pinel para calmar y tratar a muchos otros pacientes, llegando incluso a salvarle la vida ante el ataque de varios de los más furiosos.

De esta manera Pinel, acompañado por su improvisado pero eficiente guardaespaldas y Pussin, el ‘gobernante’ de la sección de alienados de Bicetre –y también la esposa de este último–, conformaron un peculiar grupo de alienistas que intentaron transformar el sistema de sanidad mental de su país.

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