Ahora nadie se disfraza de ‘lo que le da miedo’

Kilroy was here: Disfraces

Por Ira Franco

Hubo algún tiempo que la gente invertía un poco de locura y creatividad en su disfraz: era muy raro ir a comprarlo pues ni tiendas especializadas había. Las momias usaban incontables rollos de vendas y gazas de la farmacia, los Dráculas suponían unos dientes de plástico sobrepuesto y algo de sangre pintarrajeada en la cara y la camisa con el lápiz labial de tu mamá. Un poco antes, las personas se disfrazaban de flor, de abejita, de hongos, de árboles. Hasta de teléfonos, vamos:

 fon

Máscaras había pocas y muy mal hechas. Creo que todo cambió cuando llegó Mike Myers. La película de John Carpenter encontró una veta de lo innombrable con la máscara que le puso al protagonista de su Halloween (1978). Esa cosa sin facciones estaba sacada directamente de una pesadilla colectiva estadounidense, y verla caminar fue para mí un parteaguas: allí mero se decidía lo que daba miedo y lo que no. Siempre quise una máscara de Myers, pero en el México de los 80 no había ni chocolates Milky Way, así que era imposible que me la compraran −por otro lado, me hubiera encantado ver la cara de mis papás de que su nenita deseara esas cosas−. Mucho pasó desde Myers; se abrieron las fronteras, el Halloween se volvió un fenómeno casi tan importante y exportable como la Navidad de Coca-Cola, con ciertos iconos que quizás, sin querer, la misma película dio forma: las secuelas, precuelas, reinterpretaciones y refritos de la primera película no sólo inauguraron todo un subgénero; en mi opinión, inauguraron otra forma de relacionarse con el miedo.

Lo que ocurre ahora (sin ánimo de decir que tiempos pasados fueron mejores) es un fenómeno mediático que se acerca al terror con algo de sorna. Es extraño pero parece que nadie se disfraza de lo que realmente le da miedo −o tendríamos muchos disfraces de curas pederastas o traficantes de personas−. Me parece que Halloween sigue siendo una celebración interesante por eso: está desgastada con disfraces comerciales de supehéroes y memes de internet, pero le toma el pulso a la sociedad más que ninguna otra celebración. Pero antes de que pudiéramos disfrazar a nuestras mascotas y postearlo en Facebook, antes de nuestras sagaces interpretaciones de 50 Shades of Grey incluyera una visita a la tienda de pinturas para robar todas las paletitas de tonos de gris y colgarlas en nuestro cuerpo, antes de internet y las Torres Gemelas, antes de todo eso hubo toda una generación que tuvo pesadillas con la música de Halloween y aún así moría por una máscara de Mike Myers.

Kilroy was Here es escrito por Ira Franco, quien no se contiene al momento de hablar sobre cine y viajes. Colabora en Chilango y el blog de Tierra Adentro, entre otras revistas.

Síguela en @irairaira

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