El increíble doctor Lanza

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Portada de El cortador de cabezas (1966), del doctor italiano nacionalizado mexicano Salvatore Lanza.

Cuando tuve la idea de dar a conocer públicamente los injertos que logré después de 14 años de ardua labor, decidí montar una exposición en la ciudad de Guatemala…Fue un trabajo muy arduo. Me llevó muchos días y muchas noches injertar los 20 animalitos que serían expuestos. Por fin los reuní. entre otros, destacaban los siguientes: una paloma con cuerpo de conejo, un pato con tres extremidades, otro con dos cabezas, una gallina con la cola de un pavorreal, y lo que más fascinó a los visitantes: un pato que hablaba porque le injerté la cabeza de un loro. El cortador de cabezas (pag. 27)

El doctor Lanza aseguraba curar la paraplejia, fuera cual fuera la causa. Para ello no sólo contaba con grandes dotes de cirujano, además había inventado una anestesia especial que estaba patentada y llevaba su nombre; un suero que permitía a los pacientes estar conscientes durante el tiempo que duraran las intervenciones. Su técnica operatoria permitía devolver la movilidad de las piernas, e incluso según fuera el caso reimplantar miembros cercenados. En sus propias palabras, en realidad no deseaba dinero ni gloria, le bastaban las palabras de agradecimiento de quienes resultaran curados: deseaba regalar sus descubrimientos a la humanidad.

“Este tipo de anestesia está basada en muchas clases de hierbas. Tardé años para lograrla, pero actualmente forma parte esencial de mis trabajos…además de sus cualidades anestésicas, mantiene funcionando debidamente los nervios centrales y a los glóbulos sanguíneos. Estas circunstancias son claves en los trasplantes.”

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Algunas de las quimeras del doctor Lanza.

Para demostrar la eficacia de su método, se le ocurrió crear quimeras con animales, destacando su predilección por las criaturas bicéfalas y anatomías desquiciadas, como la paloma con pata de conejo, la paloma con cabeza de pato, corderos con alas de ganso, e incluso una cabra con electrodos en la cabeza que alimentaba un pequeño foco -con lo cual intentaba demostrar que los animales serían una fuente de energía alternativa en el futuro-. Todo esto era una tomada de pelo, por supuesto; remendar partes anatómicas requiere de algo más que hilo de sutura.

De esta manera el doctor Lanza se hizo popular en tabloides nacionales y extranjeros, e incluso llegó a colarse una nota sobre sus métodos en el infame National Enquirer de EUA. Fueron los periodistas quienes lo bautizaron como “el cortador de cabezas”, un mote nada confiable para un galeno, que sin embargo no pareció molestarle.

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011En el libro autopublicado El cortador de cabezas, da cuenta de su experiencias y opiniones. Se trata de un compendio de recortes de prensa y crónicas, así como varias cartas de pacientes agradecidos, la mayoría procedentes de la frontera norte del país y el estado de Texas, EUA. Lanza nunca menciona las bases científicas de sus métodos, aunque le reprocha con un ego desmedido a la comunidad médica el no tomarlo en serio.

Decía haber estudiado medicina en la Universidad de Rostock, en Alemania. Testigo de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, emigró a México en la década de 1950, y de manera irónica vivía en un departamento de la colonia Moderna, del Distrito Federal. Tuvo esposa y cuatro hijos.

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Un pasaje estremecedor, es aquel donde cuenta cómo es que otro médico, a quien llama simplemente Asdrúbal, intenta replicar sus métodos en una clínica privada para convencer a un paciente parapléjico adinerado. Según nos dice Lanza, lo primero que este imitador hizo fue conseguir a una niña, recogida “sabe Dios de dónde”, a quien le aplica formol para adormecerla. Cuando ella despierta, empieza a gritar de dolor por la operación en la columna: “¡Mamacita, me matan!” (pag.42). El cliente millonario, quien está presente en el quirófano, se retira de inmediato indignado. El doctor Lanza, quien supuestamente ha llegado por sorpresa al lugar, se lleva las manos a la cabeza, advierte que sólo él puede aplicar aquel método milagroso, y se va desconsolado. Asdrúbal se queja de que la niña le hizo perder dinero. A Lanza le preocupa más la codicia de las personas que la suerte de la menor, de quien no sabemos cuál fue su destino.

No se sabe mucho de lo que pasó con Lanza. Algunos de sus libros, uno sobre interpretación de sueños y un manual para médicos, se pueden obtener en Mercado Libre. El cortador de cabezas lo encontré en una librería de viejo en la calle de Donceles.

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Descripción del proceso de creación de un ganso bicéfalo. El cortador de cabezas, pág. 31 (1966).

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